
Lo más sorprendente es que si uno lee la lista de los que han disfrutado esta novela, se topa con un listado de buenos novelistas y escritores de varias generaciones: desde John Ashbery —de un poema suyo de El juramento de la pista de frontón, elegido libro de poesía del año por Babelia, toma título la novela—, pasando por Paul Auster, Jonathan Franzen, el crítico James Wood —que la elogió en tres páginas del New Yorker hace un mes—, incluso Tao Lin, que entrevista al autor para la revista Believer.
En esa entrevista, el joven autor, que anteriormente había publicado varios libros de poesía muy elogiados por la crítica, alude a varios escritores que admira: Bernhard, Sebald, Kluge, Javier Marías y Enrique Vila-Matas. Es muy interesante la influencia del libro Bartleby y compañía de Vila-Matas como captación de un cierto malestar, más si vemos que el personaje aparece simultáneamente como figura en varios libros de pensamiento de nuestra época de Zizek, Agamben, Deleuze, etc...
Las tribulaciones de un joven poeta, agobiado por capas de inautenticidad, cuya experiencia profunda de la "ausencia de profundidad" marca con ironía y paradoja su enfrentamiento al presente, que tiene éxitos amorosos gracias a su débil dominio del español, y parece que lo que dice son grandes frases cuando él sabe que se debe al bajo nivel de expresión, hasta el punto que cuando va aprendiendo un poco más, se pregunta en qué momento "cruzará quien sabe qué barrera de proficiency que le convertirá totalmente en alguien desprovisto de interés".
Por de pronto, la novela ha interesado muchísimo, por la mezcla de humorismo y enfrentamiento a los impasses artísticos en el contexto actual. Esperemos que su traducción y publicación no estén lejanas...